El enfoque de ciclo de vida en el desarrollo de métodos analíticos por CLAR
Uno de los cambios de paradigma más importantes que ha vivido la industria farmacéutica en los últimos años, y que muchos laboratorios de control de calidad todavía están asimilando, es dejar de ver el desarrollo de un método analítico por Cromatografía de Líquidos de Alta Resolución (CLAR) como un evento aislado que termina cuando se firma el reporte de validación.
Uno de los cambios de paradigma más importantes que ha vivido la industria farmacéutica en los últimos años, y que muchos laboratorios de control de calidad todavía están asimilando, es dejar de ver el desarrollo de un método analítico por Cromatografía de Líquidos de Alta Resolución (CLAR) como un evento aislado que termina cuando se firma el reporte de validación. La tendencia regulatoria internacional, y ahora también la nacional, apunta hacia un enfoque de ciclo de vida donde el método debe demostrar que sigue siendo apto para su propósito previsto durante todo el tiempo que se use en el laboratorio.
De la validación puntual al ciclo de vida
Durante mucho tiempo, la validación de un método analítico se trató prácticamente como un trámite: se ejecutaban las pruebas de especificidad, linealidad, exactitud y precisión, se generaba el reporte y el método pasaba a su uso de rutina sin mayor seguimiento formal. Las guías ICH Q2(R2) e ICH Q14, vigentes en la Unión Europea desde junio de 2024, cambiaron esa visión de fondo. Estas guías establecen un marco armonizado donde el desarrollo, la validación y la gestión de cambios del método se entienden como parte de un mismo proceso continuo, sustentado en la comprensión profunda del comportamiento del método y no solo en el cumplimiento puntual de un criterio de aceptación.
Cabe destacar que este enfoque ya no es exclusivo de las agencias regulatorias internacionales. En 2025, la propia COFEPRIS, a través del CEMAR, publicó una guía nacional sobre desarrollo de métodos analíticos que retoma expresamente el concepto de ciclo de vida y los enfoques mínimo y mejorado para el desarrollo, alineándose con la dirección que ya marcaban ICH Q2(R2) y Q14. Esto confirma que el enfoque de ciclo de vida dejó de ser una buena práctica opcional para convertirse en una expectativa regulatoria concreta también en México.
El Perfil Analítico Objetivo como punto de partida
Uno de los conceptos centrales de este enfoque es el Perfil Analítico Objetivo (conocido por sus siglas en inglés como ATP), que describe de manera anticipada qué es lo que el método debe ser capaz de cuantificar, con qué exactitud y precisión combinadas, y bajo qué condiciones de matriz. Definir correctamente el ATP desde el inicio del desarrollo permite que las decisiones posteriores, desde la selección de la fase estacionaria hasta la estrategia de réplicas del valor reportable, estén alineadas con un objetivo claro y no simplemente con la costumbre o con lo que “siempre se ha hecho así” en el laboratorio.
Este enfoque, conocido como desarrollo de métodos analíticos por calidad de diseño (AQbD), exige del analista una comprensión mucho más profunda de los mecanismos de separación y de las fuentes de variabilidad del método, en comparación con el desarrollo tradicional basado en prueba y error.
Condiciones establecidas y verificación continua
Otro elemento que introduce este enfoque es la clasificación de los parámetros del método en condiciones establecidas, es decir, aquellos elementos que no pueden modificarse sin evaluar el impacto regulatorio, frente a rangos operativos ya probados donde existe flexibilidad documentada para ajustar el método sin necesidad de una nueva validación completa. Esta distinción, sumada a la verificación continua del desempeño durante el uso de rutina, es justamente lo que permite que un laboratorio identifique de manera temprana una desviación en el comportamiento del método, antes de que se traduzca en un resultado fuera de especificación o en una observación durante una auditoría.
¿Por qué esto exige talento especializado?
Todo este marco conceptual suena razonable en el papel, pero su implementación real en un laboratorio de control de calidad exige algo que no siempre está disponible de forma inmediata: personal con la formación técnica y regulatoria necesaria para ejecutar cada etapa del ciclo de vida sin convertir el proceso en una carga documental interminable. Definir un ATP con sentido, diseñar un estudio de robustez que realmente aporte comprensión del método, o estructurar un plan de verificación continua que sea proporcional al riesgo del producto, requiere experiencia concreta en desarrollo analítico, no solo conocimiento teórico de las guías.
Aquí es donde muchas empresas farmacéuticas enfrentan un dilema práctico: invertir tiempo y recursos en formar internamente a su personal en este enfoque, contratar de forma permanente perfiles altamente especializados que quizá no se necesiten de manera continua, o bien, contar con el apoyo de personal especializado que ya domina estos conceptos y puede incorporarse directamente al proyecto dentro de las instalaciones del cliente.
En CIDEIN Servicios Especializados®, que opera bajo el registro REPSE de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, apoyamos precisamente a laboratorios farmacéuticos con personal especializado en desarrollo y validación de métodos analíticos, capacitado en el enfoque de ciclo de vida descrito en ICH Q2(R2), ICH Q14, la NOM-059 y la guía nacional del CEMAR. Esto permite a nuestros clientes fortalecer sus proyectos de desarrollo analítico sin comprometer su estructura organizacional permanente, con la certeza de que el personal asignado cuenta con la experiencia técnica y el conocimiento regulatorio para ejecutar el trabajo bajo el enfoque que hoy exige la industria.
Adoptar el enfoque de ciclo de vida no es una opción reservada para las farmacéuticas multinacionales con grandes equipos de desarrollo analítico. Es, cada vez más, la expectativa mínima para cualquier laboratorio que busque mantener sus métodos aptos para su propósito y su documentación lista para inspección.